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ARTE Y CULTURA EN TIEMPOS DE CRISIS

Después de haber leído diversos artículos en periódicos, revistas o blogs hablando sobre como la crisis está afectando a la industria cultural y ver como sacan sólo una parte de la moneda, por supuesto la más negativa, he decidido decantarme por sacar la parte positiva como están haciendo muchos otros, menos pesimistas.

Está claro que la crisis económica y financiera actual está produciendo recortes en los presupuestos estatales dedicados a las actividades culturales y artísticas; las subvenciones que antes se daban a diestro y siniestro, ahora se han reducido para contribuir al ajuste del cinturón. En realidad es una lástima que se escatime en cultura, pero en este caso, parece ser que dadas las circunstancias, es un sacrificio que hay que asumir.

En una situación de recortes presupuestarios, ¿dónde está la lectura positiva? La cara está en la renovación. Esta renovación premia, por un lado, la innovación y la creatividad de los nuevos proyectos y, por otro, incentiva a las organizaciones a no depender en exclusiva de la financiación pública. Para ello algunos proponen una renovación del modelo de dotación de subvenciones y de un plan estratégico de ajuste, basado en una gestión eficiente de los recursos de los que se dispone. En este modelo, lo correcto sería que se establecieran unas normas y patrones de calidad.

Entonces, ¿qué opciones nos quedan ante un plan de ajuste como el que proponen las administraciones europeas? ¿Dejar de producir bienes culturales por falta de financiación?, o bien, ¿una adaptación al cambio? Estas dos opciones opuestas entre sí, puede que sean las más viables y las únicas, realmente. ¿Cómo decidir entonces por cuál de las dos decantarse? La respuesta es “realizando un análisis de las competencias de nuestro producto o bien cultural”, o como se llama en el ámbito empresarial, ANÁLISIS DAFO. Este análisis consiste en la realización de una lista pormenorizada de competencias en la que se observen:  aspectos internos (las debilidades y fortalezas del propio producto) y aspectos externos (las amenazas y las oportunidades que se nos presentan desde el mercado).

Respecto a esto, nos detendremos primero, precisamente en los aspectos negativos que amenazan la producción cultural actualmente.  Para empezar, los recortes proceden de las administraciones públicas y afectan a las subvenciones y ayudas a la producción, pues ven el sector cultural como algo prescindible, variable y en venta. Sí, en venta, porque invertir o pagar por la cultura resulta relativamente caro y necesita de un respaldo económico bastante fuerte. ¿Qué sucede entonces? No se respalda la cultura y tampoco se quiere pagar por ella (un asunto polémico, soy consciente de ello). La sociedad no está preparada para pagar por acceder a un bien cultural, un bien que debería ser gratuito. Pero la gente no se para a pensar en lo que CUESTA producir y mantener ese servicio o producto que demandan como gratuito. En fin, ese es otro tema, que como este también posee una doble vertiente.

Por otra parte, deberíamos observar qué es lo que distingue nuestro producto frente a la competencia y qué es lo que lo hace único y genial, es decir, encontrar motivos por los cuales la gente desee pagar por acceder a nuestro producto o servicio. Ahí es donde está la solución: adaptarse a los cambios de acuerdo con la premisa “CAMBIO = OPORTUNIDAD”. Siempre se ha dicho que los cambios traen nuevas oportunidades, pues donde se cierra una puerta, se abre una ventana por donde entre una luz espectacular y una corriente de aire fresco y renovador.

Entonces, tras abrirnos a todo ese abanico de oportunidades, podremos elaborar un plan estratégico en el que se resalten nuestros puntos frentes y se creen nuevas soluciones creativas que subsanen el problema de la falta de fondos de dos maneras posibles:

1. Ajustarse al presupuesto, recortar gastos y optar por solucionar esta falta de recursos, haciendo uso del ingenio y la creatividad. El objetivo es crear un producto original, adecuado a nuestras posibilidades y competente. Se trataría de un cambio de estrategia aplicado durante la fase inicial de producción de este bien cultural o artístico.

2. Desarrollar soluciones que nos ayuden a promocionar o vender el producto, consiguiendo una afluencia de público que ayude a sufragar los gastos de producción, financiados por la inversión de sus propios creadores.

De esta manera, si conseguimos un producto de alta calidad, innovador y atractivo, probablemente accedamos a esas subvenciones y ayudas, que al parecer están destinadas a producciones competentes que pasen el filtro de calidad, impuesto por este plan de ajuste; porque recordemos que, no se ha suspendido la dotación de ayudas, sino que se habla de un “recorte”, de un “ajuste” a escala nacional.

Entonces cabe plantearse si no sería más operativo centrar todos los esfuerzos en el presupuesto disponible, en cómo distribuirlo de manera justa, cómo gestionarlo con eficiencia y cómo maximizar su rendimiento para conseguir los resultados deseados.

Por último, me gustaría poner este tema en antecedentes. No hace falta remontarse muchos siglos para encontrar evidencias de arte realizado en épocas de crisis. Basta con echar un vistazo a la historia del arte del siglo XX, un siglo convulsionado por crisis económicas, guerras, hambrunas, dictaduras y represión  política y social. Frente a esta situación los artistas expresaban su descontento y manifestaban su pensamiento a través de sus obras de arte. Podemos ver ejemplos en la literatura, las artes plásticas o el cine. Se trataba de un proceso de liberación de la subjetividad y de la creatividad.

Por tanto, viendo la situación actual, es más que evidente que lo que necesitamos es echar la vista atrás y fijarnos en cómo se resolvieron conflictos similares con éxito. Sólo hay que aprovechar el viento cambiante y utilizarlo a nuestro favor, buscando oportunidades y abriéndonos paso con ayuda de la creatividad y el valor necesario para emprender los cambios.

El Guernica, Picasso (1937)